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Siempre que termina todo,
me pregunto si habrá valido la pena el esfuerzo.
Si servirán de algo
todas estas horas robadas a las bancas de los parques,
a las caminatas silenciosas,
a esas conversaciones esperanzadoras sobre Leónidas y sus espartanos.
Pensé que al llegar a esta edad ya poseería las cosas más valiosas.
Que apenas me sería posible caminar de tan feliz y realizado.
Que podría introducir mi mano en la bolsa profunda de mis desconsuelos
y extraer de allí: una convicción indestructible, un amor impoluto... una fe por la cual morir.
No ha ocurrido.
Descubrí que sólo si se ignora mucho, se puede creer ciegamente.
Que los sentimientos más poderosos siempre están salpicados de deseos humanos.
Y que sería incapaz de lanzarme a los leones
para que prevalezca un mandamiento cualquiera.
Por eso, siempre que termina todo
me pregunto si habré elegido el camino correcto.
Si servirán de algo
todos estos pasos y todas estas horas de concentración
que parecen disolverse en el aire.
Y siempre tengo la misma oscura sensación
de que no lo logré,
de que no pude subir todo lo alto que debía,
y no alcancé a descender hasta lo más tenebroso.
Y siempre termino agotado, con fuerzas apenas para moverme
preguntándome lo mismo:
¿Habrá valido la pena el esfuerzo?
chaveztoro
