domingo, 29 de abril de 2007

Sobre la perseverancia y el cambio

Hoy volví después de tantos años y aún estaban allí. Como congelados en el tiempo. Los mismos. En el mismo sitio. Haciendo lo mismo.

Eran una fotografía del pasado. A la que este taxi despiadado me había conducido por error.

Primero me reconfortó su perseverancia. Dicen que la persistencia es una virtud.
¿Lo es?
¿Es bueno hacer un día tras otro y otro y otro las mismas cosas?
¿Saber qué calle hay luego de cada esquina, qué temperatura exacta después de cada beso, qué sabor, qué volumen, qué truco traerá la sonrisa?
Tal vez sí.

Ahora los observé con envidia. Persisitir es durar. Generar entorno, ser parte de él. Saber en qué mesa de qué bar encontrarás a los amigos y la posición exacta de los enemigos en el horizonte.

Dos de ellos se cruzaron y se palmotearon con afecto. Aliados: La chica de los cigarros y el señor de las gaseosas.

Y fue allí cuando me di cuenta que en realidad no eran los mismos. Que el tiempo es terriblemente cruel con la belleza. Casi vengativo. Y que aquella mujer de movimientos sensuales que antes me ofrecía sus productos como quien me podía entregar el universo, era ahora una gordezuela de gestos suaves y mecánicos que apenas murmuraba con dificultad "¿un Hamilton light, señor?"

Luego me miré a mí mismo. Por supuesto, nunca he sido bello. Pero hay un toque de milagro en la capacidad de caminar horas de horas sin cansarse o de esperar, con los ojos muy abiertos, el amanecer y salir luego despejado y feroz a conquistar el mundo. Hoy ya no me pasa. He de calcular las caminatas con precisión milimétrica y de conformarme con los atardeceres. He de revisar cada una de mis partes con cuidado antes de las batallas y de esforzarme para estar despierto mientras la vida ocurre.

El tiempo es un asesino.

No.

El tiempo, simplemente, es un cirujano haciendo una autopsia en cámara lenta. Descubriendo lo que somos en realidad. Y lo que no logramos ser.

Perseverancia.
No la tuve hijo.

Vagué de aquí para allá. Como un niño demente tras esa torta jugosa que es la siguiente oportunidad. Siempre un poco más lejos. Siempre un poco más cansado. Siempre un poco más solo.

Y hoy, no se si aconsejarte la dulce comodidad de las manos conocidas que han de cuidar por siempre tus vomitos de tedio o la emoción de un vientre, una y otra y otra vez lozano, que te ha de curar sólo por unos instantes de la soledad.

Si alguna vez decides por la persistencia y no por el cambio, hijo mío, no te quejes luego de que tu mundo parezca inalterable, enmohecido y un poquito subido de peso. Piensa que es lo que cultivaste y que, aunque no lo parezca, es tu premio.

Si alguna vez decides por el cambio y no por la persistencia, no te sorprendas luego si a tu alrededor no hallas nadie conocido, si los objetos no te traen recuerdos y si la gente que sientes más cercana te trata de usted. Piensa que es lo que cultivaste y que, aunque no lo parezca, es tu premio.

chaveztoro

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