miércoles, 28 de septiembre de 2011

Un dios

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Sólo tenía cuatro dientes.
Era flaco, pero con esa delgadez uniforme
que sólo se consigue después de largos años de ejercitar la pobreza.

Vestía un polo de mangas cortas en pleno invierno
y llevaba una maleta de plástico que tenía
el aspecto de haber recorrido los cuatro puntos cardinales de la mala vida.
Sin embargo gritó con voz muy alta y tono enfático:
¡¡Dios me ama!!

Sus ojos, abiertísimos y firmes, recorrieron a la gente
hasta que se encontraron con los míos y gritó:
¡¡Y también te ama a tí!!

Se me hizo un nudo en la garganta.

Y no por mí, porque estoy seguro que mi Dios me ama, sino por él.
¿Qué cosa tan terrible debe haber hecho este hombre
para que su dios lo ame de esta forma?, pensé,
cuando pasó por mi lado ofreciendo sus caramelos.

chaveztoro

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