lunes, 20 de agosto de 2007

Morir en un terremoto

¿Con quién hubieras querido morir en un terremoto?
¿En qué lugar?
¿Haciendo qué?

¿Vestido de qué forma o de qué manera desnudo?
¿Después de hacer qué?
¿Antes de qué?
¿En una habitación querida o en un lugar extraño?
¿En un hotel o en un templo?
¿Rodeado de desconocidos o de amigos?

O pregúntate:
¿Con quién no hubieras querido morir en un terremoto?
¿En qué caso hubieras preferido que tu cadáver fuera irreconocible?
¿Qué parte de tu vida hubieras querido que nadie encuentren entre los escombros?

¿Qué password hubieras querido que quede olvidado para siempre?
¿Qué parte de tu disco duro?
¿Qué mensaje de texto?

¿Qué idea, qué sentimiento, qué reproche hubieras deseado mantener enterrado en tu cerebro aún al final?

¿A quiénes no hubieras querido ofender en ese último acto... a quienes sí?

No, no hay nada de simple en morir en un terremoto...
En especial, porque puede sorprenderte mientras intentabas... vivir un poco.
chaveztoro.

domingo, 5 de agosto de 2007

Extingue a tu dodo

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El dodo era un ave que no podía volar.

Como mucha gente y muchas empresas, un día se sintió cómodo y seguro con la panza en la tierra y decidió dejar de practicar el vuelo.
Cien años después de encontrarse con el hombre, en 1681: el dodo se extinguió.

Hoy, no hay uno solo.
Salvo unos esqueletos en un par de museos.
Y este retrato:

Aunque tal vez algunos recuerden mejor este retrato, de la película "La era Hielo":


Pero... ¿por qué se extinguió el dodo?
Y más importante aún, ¿cómo te afecta eso a tí?

Los naturalistas que investigaron el tema concluyeron que hubo 3 razones:
1.- La pereza: Ser pazón, lento y despreocupado.
2.- La especialización extrema: Aprender un sólo truco y abandonar todos los demás.
3.- La incapacidad de adaptarse rápidamente a los cambios: Lo atacaron en el suelo... y no fue capaz de subirse a un arbol.

Se piensa que el dodo (Raphus Cucullatus) provenía -evolutivamente- de las palomas. Es decir, como tú y muchas otras personas, al principio el dodo volaba.

Hasta que llegó al lugar que sería su hogar por cientos de años: las Islas Mauricio, al suroeste del Océano Índico.

Allí, el dodo descubrió un paraíso. Primero que nada, no habían competidores, nadie que le peleara el territorio (o el mercado), y, además, había una gran cantidad de alimento. Es decir, el dodo era un rey.

Pronto empezó a sentir que era innecesario moverse a otros sitios. Era feliz en su isla, ¿para qué seguir haciendo el esfuerzo de explorar y conocer cosas nuevas? Muchos años después, un dodo promedio pesaba entre 20 y 25 kilos y ya no podía volar.

El alimento preferido del dodo era el coco. Durante cientos de años había especializado su pico para fracturar la dura corteza del coco de un solo golpe. Y había logrado ser un maestro en este difícil arte. Que además había asegurado su supervivencia. El dodo era el número uno rompiendo cocos. Pero... era su única capacidad sobresaliente.

Adicionalmente, dado que los cocos caen al suelo, el dodo ya no necesitaba caminar, empezó a vivir al lado de los arboles y a hacer su nido allí. Por eso, sus patitas empezaron a hacerse cada vez más cortas.

Cuando los primeros navegantes llegaron a su isla, el dodo los miró desconcertado y les metió un picotazo, pensando que se marcharían. Así fue como en julio de 1599 llegó prisionero a Europa el primer dodo. Seis años después un segundo dodo fue adquirido por el emperador Rodolfo II de Habsburgo para su colección de animales.

La isla de los dodos pronto se lleno personas. Que, por supuesto, empezaron a cazar a los gordos y sabrosos dodos. El dodo ya no podía volar, así que huir a otro sitio le resultó imposible y tenía piernas cortas por lo que era atrapado con gran facilidad.

Además, sus huevos, colocados en el suelo al lado de los arboles, eran devorados por perros y cerdos. Apesar de lo cual el dodo no modificó sus hábitos. Incapaz de adaptarse a las nuevas circunstancias, siguió haciendo lo mismo que le había dado buenos resultados durante cientos de años... hasta que se extinguió.

¡Cuidado!
Siempre habrá un dodo tratando de hacer su nido dentro de ti.
Siempre habrá un dodo queriendo que te vuelvas pazón, lento y despreocupado.
Siempre habrá un dodo intentando convencerte de que basta saber un buen truco y que no hay que gastar energía en aprender y descubrir cosas nuevas.
Siempre habrá un dodo diciéndote que volar... es decir, tratar de elevarse por encima de los otros, es agotador e innecesario.

Por eso... extingue a tu dodo sin piedad.
O te extinguirás con él.

chaveztoro

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