lunes, 22 de octubre de 2007

Nadie vino a censarme



Sobre el alucinante censo 2007 en el maravilloso Perú




Mientras me bañaba a toda velocidad, pensaba: "Ahorita me tocan la puerta. ¡Ay mamita! Me van a agarrar calato". Es que ya casi eran las 8 de la mañana del día del censo y yo seguía en la ducha.

Apesar de mi "espíritu cívico", recién me había despertado, sobresaltado, a las 7.45 de la mañana. !Era domingo!

Luego de bañarme, afeitarme y cepillarme los dientecitos, ya estaba listo.
Muy peinadito y compuesto, me senté al lado de intercom, listo para contestar: ¿Sí?, ¿es el censo?, y bajar raudo.

A eso de los 9.45 de la mañana, me sentí impaciente. Había visto por televisión como censaban al cachetón de Alan García y a "todos" sus hijitos, pensando en quién censaría a Federico Danton García Cheesman, su último hijo, fuera de su actual matrimonio, que no apareció por ningún lado en Palacio.

A esa misma hora, inocentemente, Carlos Ferrer le abrió la puerta a dos supuesto empadronadores del censo y le cayó encima un pelotón de policías de la Comisaría del Villa el Salvador. "Esa droga no es mía. Me la entregaron nomás", le confesó compungido al Coronel Tejada, que fue quien organizó el operativo "aprovechando el censo, para agarrarlo desprevenido". Decomisaron más de 3 kilos de pasta básica de cocaina.

Ya a las 11.30, aburrido de esperar, me asomé por la ventana para tratar de detectar a los del censo y calcular a qué hora me tocaría a mí. Pero no había ningún empadronador en el horizonte.

En un canal de televisión, una reportera descubrió a una señora viviendo en una precaria casita en un espacio entre dos pistas, que esperaba, con emoción, igual que yo, que alguien llegue a censarla. Mientras, en San Isidro, algunas malhumoradas damiselas les gritaban por el intercom a los empadronadores: "no fastidien, es domingo!".

Ya después del almuerzo, decidí relajarme y jugar en mi computadora un rato. Más o menos a esa misma hora Paul Azurga Gallegos, jefe subdistrital N° 3 del Inei, dejaba en su casa, "olvidados", diría después, once mil cien nuevos soles destinados al pago de empadronadores.

Mientras pasaba la tarde, una empadronadora en Ayacucho escapaba despavorida de una casa dónde dos censados habían intentando violarla, algunos empadronares de Surquillo eran recibidos por perros furiosos, Paul Azurga pensaba "¿dónde dejé la plata?" y yo miraba desde la azotea -comiendo uvitas- la calle desierta: "¿dónde estan los del censo?".

Cuando llegaron las 6 de la tarde, me sentí desilusionado. Tanto esperar para nada.

Hasta que la televisión me regaló un espectáculo alucinante. Grupos de enfurecidos empadronadores en Arequipa y varios distritos de Lima, amenazaban con quemar los datos del censo si no les pagaban los 10 soles que les habían prometido (un poco más de 3 dólares) y Paul Azurga, más desmemoriado que de costumbre, entraba a la comisaría de San Juan de Miraflores a denunciar que le habían robado el pago de más de mil empadronadores.

Sorprendentemente, unos minutos después, un señor de Apellido Quispe, Jefe del Inei, salía a la televisión a decir: "El censo ha sido un éxito".

Ya casi a la media noche, los policias de San Juan de Miraflores, descubrían en la casa de Paul Azurga Gallegos, jefe subdistrital N° 3 del Inei, los 11,000 soles, primero robados y luego olvidados. Y varios grupos de empadronadores se llevaban los padrones del censo a su casa, como garantía, hasta que le paguen sus 10 solcitos.

En fin, a mi no me censaron. (En realidad no creo que se note. Especialmente porque se calcula que cada mes nacen más de 50,000 nuevos peruanos).

Sin embargo, algo esperanzador pasó entre tanta confusión:

En una gran piedra en medio de un descampado, una jovencita empadronadora pegó una etiqueta que decía: Vivienda censada.

A nadie le pareció raro y una familia contempló el acto con emoción.
Quizá porque fue en Pisco. Y porque el jefe de familia dijo con optimismo: "Sí, mi vivienda se cayó con el terremoto... pero la vamos a volver a levantar. No lo dude".


chaveztoro

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