martes, 21 de diciembre de 2010

Mal incurable

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Quiero ser amado como un Dios.

Te puede parecer absurdo. Quisiera que me entiendas.

Y quizá ocurra si te explico
que el ser huérfano es un hecho eterno e irreparable,
que, desgraciadamente, se agrava con los años.
Y que el síntoma más terrible de ese mal
es este deseo desmesurado y catastrófico de ser amado absolutamente,
como se ama a un Dios...
por sobre todas las cosas.

No quiero otro tipo de amor.

Por eso cuando te topaste conmigo, andaba solo,
como una divinidad caída en desgracia que sueña con un ángel
que bese sus pasos,
que recoja con amor sus excrementos
y que adore con oleadas de talco su piel más delicada.

Necesito alguien que me ame mientras la odio,
mientras me agito enloquecido destruyéndolo todo,
alguien que me ame mientras digo estupideces,
mientras ensucio cosas perfectas,
mientras vomito de pena,
mientras hago el ridículo,
mientras cometo los más aberrantes errores ortográficos.

Porque es fácil, todo es muy fácil,
cuando sonrío y digo cosas hermosas.

¡Necesito ser amado como un Dios!
Y... qué cosa más absurda, sólo soy un hombre.


chaveztoro

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