sábado, 13 de septiembre de 2008

Lo inútil de experimentar

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Probamos algo. Nos gusta. Nos lo quedamos.

Pero... invariablemente, despues de un tiempo, sentimos que lo que es nuestro... como que va perdiendo su brillo.

Si es un amigo o una mujer o un compañero de trabajo,
sentimos que cualquier otro que pasa es mejor.

Nos empieza a parecer que aquel es más paciente,
que aquella tiene curvas más motivadoras,
que ese otro se esfuerza más.

Un día decidimos salir al bosque a probar lo desconocido.
Como una fiera cazando, trotamos entre lo novedoso.
Mordisqueamos por aquí, lamemos por alla, olfateamos.

Largos y agotadores días.
Hasta que de pronto, descubrimos que lo que ya teníamos, es lo que realmente queremos.

Que esto nuevo se parece, pero no es igual.
Que la risa es menos espontánea.
Que el sabor es menos dulce.
Que las ventanas son menos transparentes.

Y entonces, cuando ya adquirimos la experiencia necesaria
para saber qué es lo que realmente queremos...
lo que era nuestro ya no quiere retornar más.

Aplastado por el orgullo, la ira o la estupidez, lo que era nuestro
decide que experimentar es un acto de traición.

Y así es cómo nos quedamos extrañando al amigo,
añorando a la mujer,
pensando en el compañero de trabajo.

Con más experiencia que nunca.
Y más solos que nunca.

Y aún sabiendo todo esto,
he decidido que no voy a dejar de experimentar.


chaveztoro

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