domingo, 26 de septiembre de 2010

Trampa al tiempo

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Hoy voy a escribirme una carta.

Y la voy a recibir una tarde de otoño, en el momento preciso en que suene la campana de mi colegio, convocándome a estudiar.

Cuando me pregunten, enfadados, quién me escribe, sonreiré misteriosamente y no contestaré.

Partiré con mi carta al colegio.

Con mi carta y mis pantalones escolares inmensos, que remango para no pisar. Con mi carta y mi vergüenza de salir al recreo vestido con esta ropa que, prácticamente, tengo que amarrar a mi cuerpo.

Me quedaré en el aula. Romperé el sobre con mucho cuidado. Leeré:
"Pequeño, no llores. Lo más importante no es lo que te pones por afuera, es lo que te pones por adentro".

Creo... que voy a escribirme muchas cartas.
Muchas. Muchas.
Para no sentirme tan triste mientras llego hasta aquí.

chaveztoro

domingo, 5 de septiembre de 2010

Criatura imaginaria

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Nuevamente he creado una criatura imaginaria.

Quizá fue porque hacía mucho frío
o porque la noche era cada vez más oscura y más despiadada
o porque soy débil
y necesitaba una presencia cálida que me abrigara.

Dado que soy casi un experto en crear criaturas imaginarias,
decidí que esta vez no brotaría de una lámpara maravillosa o saltaría de un sombrero de copa:
Aparecería dentro de un chat.
Así, mis palabras mágicas no fueron: "¡Abracadabra!",
sino que lentamente teclee: "Hola, ¿nos conocemos?".
Y mi criatura imaginaria cobró vida.

Resultó ser psicóloga mi criatura imaginaria, lógico pensé,
es una criatura imaginaría sensata.

Durante varias horas la fui adornando con las virtudes que amo.
Mi criatura imaginaria era paciente, era dulce, era sensata,
tenía la angustia precisa y el sentido del humor exacto.
Y cuando sentía que me distraía me preguntaba si ya quería descansar.

Todo iba bien hasta que, hoy por la tarde, me llegó un correo.
¡Era de mi criatura imaginaria! Increíble.
Le dí click. Y apareció un mensaje que decía: Soy yo.
Y una foto.

La observé largo rato.
Sorprendido de que esta criatura imaginaria no fuera como las otras,
que no fuera una gris estatua griega animada por una imitación de la vida
o un unicornio azul de mirada apacible.
Que tuviera forma de mujer y cejas depiladas.

Medité en que las criaturas imaginarias no debieran tener este aspecto.
Debieran ser entidades etéreas en las que podamos descargar nuestra soledad y nuestra pena,
formas de vida mágica que podamos sentir flotando a nuestro alrededor cada mañana.
No seres por cuyos ojos quisiéramos ser mirados con dulzura.
Por cuyos brazos quisiéramos ser abrazados.
Y mucho menos tener unos labios que nos despierten el apetito por lo tibio.

Horas después se lo dije.
Y mi criatura imaginaria tecleó que no estaba de acuerdo.
Soy una persona real, argumentó.

Fue en ese momento, al levantar la vista,
que vi en un espejo, frente a mi, a un hombrecillo inclinado sobre su computadora.
Y me di cuenta de algo que me hizo sonreír.

Sí he creado una criatura imaginaria:
Pero soy yo.


chaveztoro

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