martes, 11 de marzo de 2008

Amor punto com

Este es un caso real.





El estaba en España y ella en Perú.
Eran dos desconocidos.
Y chateaban, pacíficamente, hasta la tarde en que él escribió:

- ¿Podrías cenar conmigo este viernes?

Ese viernes ella recorrió una calle de arboles y lo vió, en la entrada de un costoso hotel.
Era el de la foto.
Altísimo e imponente.

Se le acercó rápidamente y de un sólo tirón le dijo:
- Bueno... esta soy yo. Dime si te gustó o no, para no perder nuestro tiempo.

El descendió su mano sobre su cabeza y le dijo:
- Caaalmate. Vamos a caminar y conversar.

Pocas horas después, mientras la noche caía sobre el parque en que hablaban, el Olivar de San Isidro, él le hizo su propuesta:
- Vente conmigo a España, a convivir. Y si todo sale bien te quedas y si no... te regresas.


Ella lo meditó un momento. Lo miró a los ojos, tratando de llegar hasta lo más profundo, y le respondió:
- Esta bien. Pero yo voy con mi hijo.

El estuvo de acuerdo.

Siete días después se despidieron en el aeropuerto.
- Vamos a sacar tu visa para España - le dijo él-. Y te vienes.

Colas y colas y... nada.
No hay visa señora.


El tuvo que volver y casarse con ella.
Y recién entonces pudo llevarsela.



Me sonríe al terminar su relato.
Mi amiga Elga Reategui, que ha regresado hace unos días de España, después de 3 años, y que esta sentada frente a mi en un pequeño restaurant en Miraflores.
Mi amiguita, a la que ya le robaron su celular
y que ahora tiene miedo que le roben su cartera.

Y no le pregunto si es feliz
o si esta enamorada,
por una razón muy simple
(que creo que no es una razón muy simple):
Sé que me va a responder que sí.






chaveztoro


Posdata:
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