sábado, 24 de noviembre de 2007

Vacaciones impalpables

Me gustaría tomarme unas vacaciones de mí mismo.
Un descanso de mis insignificantes pero ilimitados defectos.

Un alivio
de mis aromas matutinos,
de estos dolores enterrados al noroeste de mi cerebro,
de ese inexplicable efecto de desastre
que me causa una solitaria mosca volando frente a mis ojos.

Me gustaría, hasta por un solo día,
no sobresaltarme cuando suena el timbre de la puerta,
no sentir esta angustia, este desasosiego, este pánico,
del que sospecha que hay un mensajero
perdido en el tiempo
que por fin un día
ha de llegar a darle una mala noticia.


Si sólo pudiera tomarme un descanso de mis ojos...
Y, como la mayoría de los que caminan ensimismados por estas calles,
no ver con claridad de invidente
ese espectro azulado
que es el futuro y sus alocadas evoluciones.

Me gustaría ser tú por quince días.
Abandonar el peso de mis virtudes.
Deshacerme del bienestar de mis vicios.
Creer firmemente en algo.
Odiar ferozmente a alguien.
Amar, vomitar, maldecir, rezar.

Ser nuevamente una hoja de papel en blanco
en la que se puede escribir algo como:
"salvo la ternura todo es ilusión".

Realmente me gustaría tomarme unas vacaciones de mi mismo.
Ser, por una tarde, ese anciano relajado, que vende alfajores, sentando en el parque.
Y haber aceptado, por fin, que
esa canastita espolvoreada de azucar impalpable
y esa soledad definitiva
era todo lo que me esperaba al final del camino.





chaveztoro

lunes, 22 de octubre de 2007

Nadie vino a censarme



Sobre el alucinante censo 2007 en el maravilloso Perú




Mientras me bañaba a toda velocidad, pensaba: "Ahorita me tocan la puerta. ¡Ay mamita! Me van a agarrar calato". Es que ya casi eran las 8 de la mañana del día del censo y yo seguía en la ducha.

Apesar de mi "espíritu cívico", recién me había despertado, sobresaltado, a las 7.45 de la mañana. !Era domingo!

Luego de bañarme, afeitarme y cepillarme los dientecitos, ya estaba listo.
Muy peinadito y compuesto, me senté al lado de intercom, listo para contestar: ¿Sí?, ¿es el censo?, y bajar raudo.

A eso de los 9.45 de la mañana, me sentí impaciente. Había visto por televisión como censaban al cachetón de Alan García y a "todos" sus hijitos, pensando en quién censaría a Federico Danton García Cheesman, su último hijo, fuera de su actual matrimonio, que no apareció por ningún lado en Palacio.

A esa misma hora, inocentemente, Carlos Ferrer le abrió la puerta a dos supuesto empadronadores del censo y le cayó encima un pelotón de policías de la Comisaría del Villa el Salvador. "Esa droga no es mía. Me la entregaron nomás", le confesó compungido al Coronel Tejada, que fue quien organizó el operativo "aprovechando el censo, para agarrarlo desprevenido". Decomisaron más de 3 kilos de pasta básica de cocaina.

Ya a las 11.30, aburrido de esperar, me asomé por la ventana para tratar de detectar a los del censo y calcular a qué hora me tocaría a mí. Pero no había ningún empadronador en el horizonte.

En un canal de televisión, una reportera descubrió a una señora viviendo en una precaria casita en un espacio entre dos pistas, que esperaba, con emoción, igual que yo, que alguien llegue a censarla. Mientras, en San Isidro, algunas malhumoradas damiselas les gritaban por el intercom a los empadronadores: "no fastidien, es domingo!".

Ya después del almuerzo, decidí relajarme y jugar en mi computadora un rato. Más o menos a esa misma hora Paul Azurga Gallegos, jefe subdistrital N° 3 del Inei, dejaba en su casa, "olvidados", diría después, once mil cien nuevos soles destinados al pago de empadronadores.

Mientras pasaba la tarde, una empadronadora en Ayacucho escapaba despavorida de una casa dónde dos censados habían intentando violarla, algunos empadronares de Surquillo eran recibidos por perros furiosos, Paul Azurga pensaba "¿dónde dejé la plata?" y yo miraba desde la azotea -comiendo uvitas- la calle desierta: "¿dónde estan los del censo?".

Cuando llegaron las 6 de la tarde, me sentí desilusionado. Tanto esperar para nada.

Hasta que la televisión me regaló un espectáculo alucinante. Grupos de enfurecidos empadronadores en Arequipa y varios distritos de Lima, amenazaban con quemar los datos del censo si no les pagaban los 10 soles que les habían prometido (un poco más de 3 dólares) y Paul Azurga, más desmemoriado que de costumbre, entraba a la comisaría de San Juan de Miraflores a denunciar que le habían robado el pago de más de mil empadronadores.

Sorprendentemente, unos minutos después, un señor de Apellido Quispe, Jefe del Inei, salía a la televisión a decir: "El censo ha sido un éxito".

Ya casi a la media noche, los policias de San Juan de Miraflores, descubrían en la casa de Paul Azurga Gallegos, jefe subdistrital N° 3 del Inei, los 11,000 soles, primero robados y luego olvidados. Y varios grupos de empadronadores se llevaban los padrones del censo a su casa, como garantía, hasta que le paguen sus 10 solcitos.

En fin, a mi no me censaron. (En realidad no creo que se note. Especialmente porque se calcula que cada mes nacen más de 50,000 nuevos peruanos).

Sin embargo, algo esperanzador pasó entre tanta confusión:

En una gran piedra en medio de un descampado, una jovencita empadronadora pegó una etiqueta que decía: Vivienda censada.

A nadie le pareció raro y una familia contempló el acto con emoción.
Quizá porque fue en Pisco. Y porque el jefe de familia dijo con optimismo: "Sí, mi vivienda se cayó con el terremoto... pero la vamos a volver a levantar. No lo dude".


chaveztoro

domingo, 30 de septiembre de 2007

Saqueadores de tumbas










Mientras 510 muertos aún no se enfriaban, tirados en la plaza central de Pisco, en Lima un empresario se movía frenético para hacer el negocio de su vida: Ganar más de 2 millones de soles en 48 horas, por tramitar unos cuantos papeles.

Se llamaba Luis Plasencia Romero y tenía una empresa, llamada "Plamol", dedicada a la fabricación de zapatos, de diferentes tallas, modelos y colores.

Pero, aún así, hombre entusiasta que no se dejaba amilanar por los refranes ("zapatero a tus..."), pensaba venderle al Gobierno más de 200 mil raciones de alimentos para los damnificados del terremoto en Pisco, ocurrido el día anterior a sus reuniones, el 15 de setiembre del 2007.

Para lograrlo, buscó, el 16 muy temprano, a otra empresa, llamada Axis, que aparentemente sí ténía experiencia en el tema alimenticio (aunque en su registro en SUNAT su rubro indica: VTA. MAY. DE OTROS PRODUCTOS. O sea puede vender cualquier cosa). Y le compró las más de 200 mil raciones a 24 soles cada una.

Al día siguiente, 17, también muy temprano, el Seguro Integral de Salud (SIS), le compró al zapatero esas mismas raciones a 34 soles cada una. Diez solcitos más por cada ración.

Una misera ganancia de casi 30%, es decir, sólo 2 milloncitos de soles. Nada más.

Y cuál es el problema? Nigocios son nigocios. O no?

El problema es que al señor zapatero, lo seleccionó el SIS a dedo. Es decir, sin concurso de precios y sin ningún mecanismo de control.

El problema es que el SIS, Seguuuro Integraaal de Salud, no tiene nada que ver con la repartición de alimentos.

El problema es que el presidente del Seguuuro Integraaal de Salud, señor Julio Espinoza Jiménez, postuló junto con el Primer Ministro actual, Jorge del Castillo Galvez, al Congreso de la República en la lista del Partido Aprista Peruano. Como puede verse en los registros de la ONPE.

El problema es que segun la SUNAT, el Gerente Ejecutivo de la empresa zapatera "Plamol", es Pedro Molina Galvez, familiar... según él mismo declara, lejano del Primer Ministro Jorge del Castillo Galvez.

El problema es que 8 días después del terremoto el Primer Ministro, Jorge del Castillo Galvez, intentó que la Contraloría de la República, dejara de fiscalizar lo que pasaba en Pisco, presentando al Congreso un proyecto de ley para que la Contraloría cesara por 60 días sus funciones fiscalizadoras preventivas, con el argumento, que al hacer su función de control (para evitar la corrupción) hacia lenta la distribución de la ayuda.

Y finalmente, el problema es que 1.500 heridos, 85.000 damnificados y 510 muertos, no se merecían que la ayuda de tooodos los peruanos le llegara através de estos saqueadores de tumbas. Que creen que todo vale. Incluso lucrar con el dolor y la muerte.



chaveztoro

lunes, 20 de agosto de 2007

Morir en un terremoto

¿Con quién hubieras querido morir en un terremoto?
¿En qué lugar?
¿Haciendo qué?

¿Vestido de qué forma o de qué manera desnudo?
¿Después de hacer qué?
¿Antes de qué?
¿En una habitación querida o en un lugar extraño?
¿En un hotel o en un templo?
¿Rodeado de desconocidos o de amigos?

O pregúntate:
¿Con quién no hubieras querido morir en un terremoto?
¿En qué caso hubieras preferido que tu cadáver fuera irreconocible?
¿Qué parte de tu vida hubieras querido que nadie encuentren entre los escombros?

¿Qué password hubieras querido que quede olvidado para siempre?
¿Qué parte de tu disco duro?
¿Qué mensaje de texto?

¿Qué idea, qué sentimiento, qué reproche hubieras deseado mantener enterrado en tu cerebro aún al final?

¿A quiénes no hubieras querido ofender en ese último acto... a quienes sí?

No, no hay nada de simple en morir en un terremoto...
En especial, porque puede sorprenderte mientras intentabas... vivir un poco.
chaveztoro.

domingo, 5 de agosto de 2007

Extingue a tu dodo

.
.
El dodo era un ave que no podía volar.

Como mucha gente y muchas empresas, un día se sintió cómodo y seguro con la panza en la tierra y decidió dejar de practicar el vuelo.
Cien años después de encontrarse con el hombre, en 1681: el dodo se extinguió.

Hoy, no hay uno solo.
Salvo unos esqueletos en un par de museos.
Y este retrato:

Aunque tal vez algunos recuerden mejor este retrato, de la película "La era Hielo":


Pero... ¿por qué se extinguió el dodo?
Y más importante aún, ¿cómo te afecta eso a tí?

Los naturalistas que investigaron el tema concluyeron que hubo 3 razones:
1.- La pereza: Ser pazón, lento y despreocupado.
2.- La especialización extrema: Aprender un sólo truco y abandonar todos los demás.
3.- La incapacidad de adaptarse rápidamente a los cambios: Lo atacaron en el suelo... y no fue capaz de subirse a un arbol.

Se piensa que el dodo (Raphus Cucullatus) provenía -evolutivamente- de las palomas. Es decir, como tú y muchas otras personas, al principio el dodo volaba.

Hasta que llegó al lugar que sería su hogar por cientos de años: las Islas Mauricio, al suroeste del Océano Índico.

Allí, el dodo descubrió un paraíso. Primero que nada, no habían competidores, nadie que le peleara el territorio (o el mercado), y, además, había una gran cantidad de alimento. Es decir, el dodo era un rey.

Pronto empezó a sentir que era innecesario moverse a otros sitios. Era feliz en su isla, ¿para qué seguir haciendo el esfuerzo de explorar y conocer cosas nuevas? Muchos años después, un dodo promedio pesaba entre 20 y 25 kilos y ya no podía volar.

El alimento preferido del dodo era el coco. Durante cientos de años había especializado su pico para fracturar la dura corteza del coco de un solo golpe. Y había logrado ser un maestro en este difícil arte. Que además había asegurado su supervivencia. El dodo era el número uno rompiendo cocos. Pero... era su única capacidad sobresaliente.

Adicionalmente, dado que los cocos caen al suelo, el dodo ya no necesitaba caminar, empezó a vivir al lado de los arboles y a hacer su nido allí. Por eso, sus patitas empezaron a hacerse cada vez más cortas.

Cuando los primeros navegantes llegaron a su isla, el dodo los miró desconcertado y les metió un picotazo, pensando que se marcharían. Así fue como en julio de 1599 llegó prisionero a Europa el primer dodo. Seis años después un segundo dodo fue adquirido por el emperador Rodolfo II de Habsburgo para su colección de animales.

La isla de los dodos pronto se lleno personas. Que, por supuesto, empezaron a cazar a los gordos y sabrosos dodos. El dodo ya no podía volar, así que huir a otro sitio le resultó imposible y tenía piernas cortas por lo que era atrapado con gran facilidad.

Además, sus huevos, colocados en el suelo al lado de los arboles, eran devorados por perros y cerdos. Apesar de lo cual el dodo no modificó sus hábitos. Incapaz de adaptarse a las nuevas circunstancias, siguió haciendo lo mismo que le había dado buenos resultados durante cientos de años... hasta que se extinguió.

¡Cuidado!
Siempre habrá un dodo tratando de hacer su nido dentro de ti.
Siempre habrá un dodo queriendo que te vuelvas pazón, lento y despreocupado.
Siempre habrá un dodo intentando convencerte de que basta saber un buen truco y que no hay que gastar energía en aprender y descubrir cosas nuevas.
Siempre habrá un dodo diciéndote que volar... es decir, tratar de elevarse por encima de los otros, es agotador e innecesario.

Por eso... extingue a tu dodo sin piedad.
O te extinguirás con él.

chaveztoro

domingo, 24 de junio de 2007

Sobre lo imposible

"Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad.
Un pesimista, ve una calamidad en toda oportunidad"
(Winston Churchill)



Toda meta puede ser calificada como fácil, difícil o imposible.

Por ejemplo, si alguien te dijera que tienes que instalar computadoras en un sitio donde no hay electricidad, ¿qué responderías?
Dirías: Es imposible.

Bien, ese es un trabajo estimulante: Realizar cosas imposibles.
"Pero no se puede hacer algo imposible!", responderá la mayoría.

Sólo será imposible hasta que imagines una solución y un equipo empiece a trabajar en ella.

En el caso especifico de la computadora para lugares sin electricidad, se quería lograr -además- que sólo cueste 100 dólares y que sea portátil.

Nooooo!!! Imposible.

Pues un hombre soñó con eso. Se llama Nicholas Negroponte, y es el cofundador del Media Lab en el Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT) y fundador de la organización no gubernamental "Una portátil por niño". El MIT es considerada la mejor universidad de ciencia e ingenieria del mundo.

¿Y lo logró?

Bueno... el ministro de Educación, José Antonio Chang, anunció que, en Julio del 2007, el estado peruano y el MIT firmarían un convenio para dotar a los escolares peruanos con las computadoras económicas de Negroponte.

Claro algunas cosas no se lograron del todo, por ejemplo, la computadora no costará 100 sino 175 dólares y las baterías no serán recargadas a manivela, como en el diseño original, sino con una especie de yo-yo muy fácil de usar, que genera electricidad a mano.

Es decir, se puede escoger una meta fácil o una difícil, pero... siempre será más emocionante lograr algo que todos decían que era imposible. Inténtalo.


chaveztoro

domingo, 3 de junio de 2007

Oscuridad merecida


Una vez tuve una oficina en la que no se podía trabajar de noche.
Buuu...

No, no es que hubieran fantasmas. Lo que pasaba era que recién nos habíamos mudado a una casa nueva y la oficina que yo había elegido no tenía socket donde poner un foco.

El primer día que llegamos dí una orden:
- Pónganle luz a mi oficina.

Apesar de que cada dos o tres días yo volvía a ordenar lo mismo, mi oficina seguía a oscuras en las noches.
Decidí, pasada una semana, darle la orden directamente al técnico del equipo, una persona muy colaboradora y diligente, pero aún así, otra semana después, seguía habiendo un gran hueco negro en el techo en vez de un foco.

Esa noche me quedé un largo rato meditando en medio de la oscuridad.

Al día siguiente, muy temprano, llamé al técnico y le dije lo siguiente:

- Por favor, anda a la farretería y cómprame un socket y un foco ahorrador de 100 watts.
A los pocos minutos volvió con ambas cosas.
- Aquí tiene -me dijo, muy solícito.

- Gracias. Ahora, baja la llave general del segundo piso y súbeme un banco alto y un desentornillador.

Al rato subía a mi oficina cargando la banca.
Cuando le señale el socket me sonrió divertido entendiendo todo.

- Muy bien -le dije-. Ahora súbete a la banca y conecta esos cables al socket y entorníllalo en su sitio.
- Ya esta! -me dijo entusiasta, luego de unos pocos minutos.

Pedí que encendieran la llave general del segundo piso y le dije:
- Prende ese interruptor, por favor.

Y el foco se encendió. Los dos celebramos la hazaña.

Así fue como aprendí la diferencia entre dar órdenes y dirigir personas.

Para dar órdenes no se requiere mucho tiempo. Basta querer algo y decirlo.

Para dirigir personas en cambio es necesario un buen tiempo de reflexión y, si se puede, un poco de oscuridad, para concentrarse.

El que da una orden no conoce el proceso que la hará posible o impedirá que se cumpla. Por eso mismo no sabe por qué fracasa.
En cambio, el que dirige siempre sabe adónde quiere llegar y en que punto de su planeamiento se encuentra. Y, por eso, su posibilidad de fracaso es mínima.

En mi caso, por ejemplo, descubrí que no me ponían el foco porque siempre tenía la computadora encendida y entonces no encontraban cuando desconectarle la electricidad al segundo piso para hacer la instalación. Y que, además, había que asignarle un tiempo al técnico (que siempre andaba ocupado con cuarentamil cosas) para hacer el trabajo.

Cierto, es más fácil y rápido dar órdenes.
Pero es mejor dirigir a las personas y hacer equipo con ellas.


chaveztoro

domingo, 27 de mayo de 2007

Una elección

Sólo una frase para estos días de frío.

"Si crees que puedes: Puedes.
Si crees que no puedes: No puedes".

Así de simple. Elige.


chaveztoro

viernes, 18 de mayo de 2007

Ya no hay pandas apasionados

Si los pandas fueran hombres y no osos, la iglesia católica sería feliz.

Por lo menos lo sería Benedicto XVI, que hace poco en Brasil le decía a más de 60 mil jóvenes: "la vida conyugal es solamente fuente de felicidad y de paz en la medida en que sepais hacer de la castidad, dentro y fuera del matrimonio, un baluarte".


Benedicto XVI amaría a los osos panda. Porque resulta que a ellos les interesa el sexo, sólo 48 horas cada año.

Es decir, son candidatos perfectos a la castidad. Bastaría con instaurar un sermón de las 48 horas de asistencia obligatoria para todos los fieles y listo, muerto el sexo.

Pero... claro, los hombres no son osos panda.

Y por otro lado los osos panda están a punto de extinguirse, precisamente por aquello que le parece tan deseable a Benedicto XVI: la castidad.

Los ositos no tiene apetito por las ositas y por esa causa ahora quedan menos de 2 mil osos panda en todo el mundo.

Los científicos han tratado de solucionar este grave problema "osístico", ofreciéndoles algo que no le haría ninguna gracias a Benedicto XVI: Pornografía.

Parece broma, pero es cierto. Los osos panda han sido expuestos a largas sesiones de videos pornográficos, en los que pueden apreciar a otros osos en pleno acto sexual. Según los científicos ni siquiera esto dió resultado. Osos castos.

Pero los hombres no son osos. Y de ser cierta la investigación de la neuropsiquiatra norteamericana Louann Brizendine, los hombres piensan en sexo una vez cada minuto y las mujeres una vez cada día.

Osea... tal vez alguien podría enviarle por email a Benedicto esta frase de Napoleón Bonaparte: "En la vida hay dos cosas importantes, una es el sexo, y la otra... no tiene importancia."


chaveztoro

miércoles, 9 de mayo de 2007

La mujer que yo amo







Esta es la mujer que yo amo.


Fue con ella que yo conocí por primera vez el interior húmedo y tibio de una mujer apasionada.

Oyendo los latidos de su corazón, dormí noche tras noche, más inocente que nunca y más feliz.

El primer abrazo que me arrancó del frío y la soledad me lo dió ella. Y gracias a las yemas de sus dedos es que supe lo que es ser acariciado por horas y horas sin descanso.
Su rostro es el rostro que yo amo.
Persiguiéndola por todas partes, es como descubrí que cada rincón del cuerpo tiene un aroma (que uno puede llegar a amar) y que la piel, recién salida de la ducha, tiene un olor en otoño y otro en primavera.

Y es por culpa de ella que mi subconciente esta convencido que la belleza es una muchacha delgada (casi escuálida), cuya sonrisa es como una ola y cuya mirada lanza escarcha y picapica.


Su voz es la voz que yo amo.

Y fue con esa voz, calientita y llena de matices, que una tarde de catástrofe me observó bondadosa y me dijo que no podía cometer los mismos errores que los demás, que hasta para equivocarse hay que ser original.

Fue esa frase la que me arrojó a este continente de pesadillas y amaneceres, que es la vida de alguien que lucha por equivocarse por sus propios medios.

Esta es la mujer que yo amo.
Es mi madre.


Y sólo porque la amo tanto es que puedo perdonarle que me haya dejado solo, que se haya suicidado, cuando yo apenas tenía seis años de edad.

.
.
chaveztoro

martes, 1 de mayo de 2007

¿El amor es una guerra?

Ella ama a alguien que nunca la llama por teléfono

Sonríe, triste.

Yo me pregunto, por qué una persona amaría a otra que no se muere por oir su voz.
Tal vez lo nota en mi mirada y trata de explicarlo.

Lo que ocurre es que él viene de una familia dónde odian el teléfono, me dice. Cuando ella llama a su casa el aparato suena inclemente, pero nadie contesta.
Y sin embargo, como él le explica luego, sí estaban allí a esa hora. Todos.
Odian realmente el teléfono.

Pero hay teléfonos públicos le dice ella, en una tarde de reclamos.
Y él, socarrón, le responde que jamás ha usado uno.

Yo también odio los teléfonos. Por eso, algo de lo que me cuenta me resulta comprensible. Pero... lo que no entiendo, sobretodo luego de escucharla, es como alguien, sensato, podría negarse así mismo los matices de su voz.

Me mira... y dice: No es culpa de él. Yo soy una mandada.
Es decir, ella lo vío en el horizonte y decidió invadirlo.

Me maravilla que alguien que parece tan delicada y frágil, se pueda haber organizado con precisión y cuidado para tomar, por asalto, unos ojos, un corazón, unas manos.

Pero él no ha sido fácil de conquistar. Ha puesto resistencia feroz. Ella ha encontrado francotiradores en cada callejuela, campos minados frente a cada sonrisa, nidos de ametralladoras en cada hora capturada.

Y sin embargo... "hoy me llamó desde un telmex", me dice (telmex: el teléfono público más económico de la ciudad, que todos los amantes agradecen).

Sonríe con las orejitas gachas. Saboreando su victoria. Y yo le digo que le va ir bien en la vida. Por qué, pregunta. Porque posees dos cualidades que poca gente tiene, pienso, la paciencia de avanzar pasito a paso y la habilidad de disfrutar de las victorias microscópicas, que son, en el fondo, la sustancia de la felicidad.

Cierto. El amor es una guerra. Y en ella sólo son felices los que se rinden y se dejan hacer prisioneros.

Aunque tal vez sería mejor decir que el amor es una guerra: Y en ella sólo son felices los que cuando se rinden son hechos prisioneros.

chaveztoro

lunes, 30 de abril de 2007

Primer toque

Los labios están hechos para transmitir señales y deseos.




Son el primer test que le hacemos al otro -y por el que pasamos- para saber si existe esa chispa mágica que hace que una piel extraña nos sea más amada que la nuestra.

El beso nos narra-en apretado resumen-qué tanta pasión es capaz de sentir y puede transmitir su remitente. Qué tanta ternura y cuanta tibieza.

Pero en esto de besar hay lo vulgar y lo sublime.
Hay el beso sin gracia, sin pasión sin humedad.
Un beso que es una prolongación de la impersonal mano. Que sólo es como un "buenos días" o un "gracias", pero no informa de nada más.
Esos besos son un desperdicio.
No sirven para nada y en el mejor de los casos conducen a un amor gris, que...puede ser bueno como cualquier otro...si es lo que uno está busando.

Pero hay los otros. Esos que son el preámbulo de la primavera, la antesala del arco iris, el cuarto-creciente de las sensaciones.

Son los besos donde se pone la ternura y el fuego y que surgen cuando se ha encontrado a alguien que comparte nuestras mismas ansiedades y nuestros mismos miedos.

Es el beso que no se da con los labios cerrados, sino en el que se abre el universo de nuestro calor y las profundidades de nuestra entrega.

Es el beso que nada en fluídos de consistencia dulce.
Que se acompañan con mordiscos y suspiros. Que nos advierte que no se esta entregando los labios, sino los sueños. Y que nos invitan a la feliz furia de la entrega.

¿Va a besar hoy? Ya sabe a que atenerse.

chaveztoro

domingo, 29 de abril de 2007

Posesión

Un pequeño cuento.

***
Una gota de sudor bajó por su cuello y rodó entre sus senos. Quería gritar, quería llorar, quería morder. Sus dedos se clavaron en la cama y de su garganta brotó algo como un estertor.
***

- ¡Sal demonio! ¡Sal! ¡Este cuerpo es del señor!
El chamán con el rostro contraído y los ojos desorbitados, la roció con un líquido que tenía olor a bruma.

Yesenia siente el aroma que la hace estremecer un poco. La muchacha que se retuerce en la cama es su hermana. Su hermana la monjita, a la que todos tratan con cariño y respeto.

La niña la mira sin sorpresa. Recuerda el día en que volvió del Seminario para pasar las vacaciones. Llegó feliz. Con una pequeña mochila en las que traía una cruz dorada, cubierta de pedacitos de espejo, y una papel arrugado que ocultaba con mucho cuidado dentro de una biblia marrón.

Yesenia vió el papel por casualidad. Y supo, al ver los ojos de su hermana, que era una carta. De él.

Sin embargo, se calló.

***
Un mechón de cabello se le metió en la boca al agitar la cabeza. Era como si le faltara el aire y los pensamientos se le volvieran bolitas de colores. Gimió. Como si sintiera dolor. Y todos sus músculos se tensaron bajo la luz del mechero.
***

- Señor, protege a tu hija! Líbrala del demonio!
El hombre se agachó al lado de la cama y tomó una cadena que había hecho con cuentas rojas, pequeñas crucecitas y falanges de monitos ahuyadores sacrificados en luna llena. La meció sobre el cuerpo de la monjita, que ahora estaba inmóvil, tan joven y tan bonita, pensó, pobre, poseída por el demonio.
- Santa María, Madre de Dios...

Yesenia tiene trece años, tal vez por eso una mañana se encaramó al camarote y jaló la mochila para mirar la cruz (eso iba a decir si la descubrían). La biblia marrón cayó al suelo. Quedó abierta justo en la página en que estaba la carta arrugada. Miró a la puerta y escuchó, por si venía alguien, pero todo era silencio.

Abrió la carta. Bebita. Mi bebita linda. Te estoy esperando. Te voy a esperar siempre.

Sí, era de él.

***
Convulsionó. Los huesos le crujieron. Sintió dentro de su cuerpo algo como un animal salvaje de los bosques que se agitó furioso. Su cabello largo se desparramó sobre la almohada azul que un mechero iluminó desde una mesita.
***

- ¡Vete Satanás! ¡Esta alma es de Dios!
Agotado por los varios día de lucha, el chamán estaba ronco. Lo que, por suerte, le daba mayor autoridad a su voz. Miró a la monjita con inquietud. Sus conjuros no le proporcionaban alivio y ya los familiares de la muchacha lo miraban con rencor cuando le servían la comida.

Tal vez era hora de usar las pócimas fieras que heredó de su abuela, esas que hacían vomitar al demonio más testarudo, además de cualquier otra cosita que estuviera atorada en los conductos digestivos, como le decía a sus pacientes.

Yesenia recuerda que la siguió aquella tarde. Como por instinto lo hizo con sigilo, no quería que su hermana se molestara. Ella salió al monte con paso suave y después de unos minutos llegó a una cabaña solitaria. Ingresó. Yesenia pensó que visitaba a alguna anciana enferma y abandonada por todos.

Se quedó quieta unos minutos mientras caía el sol. Repentinamente, escuchó un ruido como de lucha y se asustó. Estuvo a punto de salir corriendo hacia su casa a advertir a sus hermanos de que algo malo pasaba en la cabaña. Pero se armó de valor y se acercó con cuidado.

***
Se asoma por la puerta entreabierta.
Los observa.
El mechero ilumina la almohada azul y su cabello.

La monjita convulsiona y sus huesos crujen otra vez. Agitada por la fiebre, tira la cabeza hacia atrás y contrae la pelvis. Luego levanta las piernas y las cruza en la espalda de él, atrapándolo contra ella. Bebita. Mi amor. Se besan como para borrar estos tres años de distancia.

Yesenia, asomada desde la puerta, piensa, es él. Y se va con pasitos delicados, mientras la noche se llena de sonidos y murmullos.
***

Durante muchos días no le contó nada a nadie. Qué parecido es el deliro del amor a la posesión diabólica, pensaba a veces, pero se callaba. Hasta la noche en que el chamán, por tercera vez, quizó darle ese bebedizo a su hermana, que ya estaba inconsciente y demacrada de tanto vomitar, y entonces se lo dijo a su madre, en una sola frase y sin respirar. Al día siguiente la casa estuvo tranquila y silenciosa.

Siete meses después el chamán fue llamado para atender el parto de la monjita y cortar el cordón umbilical.

Yesenia sigue escuchando en las noches como su hermana es poseída (la casa es tan chica, señor).

Escucha las risas, los llantos. Y, mientras se adormece acariciándose los muslos, sueña con su día. Porque ya descubrió que sólo un verdadero demonio puede poseer el alma y lanzarnos a ese mar de quejidos y lamentos que es el amor.

chaveztoro

Sobre la perseverancia y el cambio

Hoy volví después de tantos años y aún estaban allí. Como congelados en el tiempo. Los mismos. En el mismo sitio. Haciendo lo mismo.

Eran una fotografía del pasado. A la que este taxi despiadado me había conducido por error.

Primero me reconfortó su perseverancia. Dicen que la persistencia es una virtud.
¿Lo es?
¿Es bueno hacer un día tras otro y otro y otro las mismas cosas?
¿Saber qué calle hay luego de cada esquina, qué temperatura exacta después de cada beso, qué sabor, qué volumen, qué truco traerá la sonrisa?
Tal vez sí.

Ahora los observé con envidia. Persisitir es durar. Generar entorno, ser parte de él. Saber en qué mesa de qué bar encontrarás a los amigos y la posición exacta de los enemigos en el horizonte.

Dos de ellos se cruzaron y se palmotearon con afecto. Aliados: La chica de los cigarros y el señor de las gaseosas.

Y fue allí cuando me di cuenta que en realidad no eran los mismos. Que el tiempo es terriblemente cruel con la belleza. Casi vengativo. Y que aquella mujer de movimientos sensuales que antes me ofrecía sus productos como quien me podía entregar el universo, era ahora una gordezuela de gestos suaves y mecánicos que apenas murmuraba con dificultad "¿un Hamilton light, señor?"

Luego me miré a mí mismo. Por supuesto, nunca he sido bello. Pero hay un toque de milagro en la capacidad de caminar horas de horas sin cansarse o de esperar, con los ojos muy abiertos, el amanecer y salir luego despejado y feroz a conquistar el mundo. Hoy ya no me pasa. He de calcular las caminatas con precisión milimétrica y de conformarme con los atardeceres. He de revisar cada una de mis partes con cuidado antes de las batallas y de esforzarme para estar despierto mientras la vida ocurre.

El tiempo es un asesino.

No.

El tiempo, simplemente, es un cirujano haciendo una autopsia en cámara lenta. Descubriendo lo que somos en realidad. Y lo que no logramos ser.

Perseverancia.
No la tuve hijo.

Vagué de aquí para allá. Como un niño demente tras esa torta jugosa que es la siguiente oportunidad. Siempre un poco más lejos. Siempre un poco más cansado. Siempre un poco más solo.

Y hoy, no se si aconsejarte la dulce comodidad de las manos conocidas que han de cuidar por siempre tus vomitos de tedio o la emoción de un vientre, una y otra y otra vez lozano, que te ha de curar sólo por unos instantes de la soledad.

Si alguna vez decides por la persistencia y no por el cambio, hijo mío, no te quejes luego de que tu mundo parezca inalterable, enmohecido y un poquito subido de peso. Piensa que es lo que cultivaste y que, aunque no lo parezca, es tu premio.

Si alguna vez decides por el cambio y no por la persistencia, no te sorprendas luego si a tu alrededor no hallas nadie conocido, si los objetos no te traen recuerdos y si la gente que sientes más cercana te trata de usted. Piensa que es lo que cultivaste y que, aunque no lo parezca, es tu premio.

chaveztoro

¿La conspiración del Año nuevo?

Este año, contradiciendo la etiqueta y los buenos modales, decidí recibir el año nuevo solo, comiendo pizza frente a mi computadora.

Y así lo hice.

Y contra todos los pronósticos, no me sentí desamparado, suicida ni lorna.

Es más, empecé a creer que había logrado zafarme de esta bien organizada conspiración para ser felices a una hora exacta.

De esa multitudinaria convicción de que bastan unos cuantos cuetones para acabar con la mala fortuna del año anterior.

Del deseo de programar un momento para hacer un alto, al unísono, lamerse o mejor rociarse la heridas con cerveza y soñar que desde el minuto siguiente todo puede ser mejor.

Mientras comia mi pizza y buscaba en google: "quién inventó el año nuevo?", se fue tronando el interfecto y llegó su reemplazo.

Google arrojó 463,000 resultados para la consulta. Ninguno satisfactorio. La pizza manchó mi teclado. Y el ruido en la calle empezó a ser feroz.

Descubrí que si hubiera sido un solitario habitante de Tecnocthilan, habría celebrado el año nuevo 105 días antes y que en el Cusco de Pachacutec hubiera sido 30 días antes.

Cuando el ruido callejero fue superior al sonido de los parlantes de mi PC, me asomé a la ventana y alcancé a ver a la gente abrazandose. Había en ellos una esperanza, que me conmovió, de que lo peor había pasado y que desde este momento todo era posible.

Pero yo seguí firme en mi puesto.

En el transcurso de la noche del primer día del año, pase de sentirme un ser casi divino, capaz de alzarse por encima de las pequeñas festividades mortales, a observarme detenidamente en el espejo pensando que podía haber algo de funesto en mi rebelde actitud.

A eso de las 5 de la mañana, mientras terminaba de ver una buena película y ya no quedaba pizza que devorar, la felicidad de
la calle se había esfumado y sólo quedaban dos bandos de borrachos golpeándose tambaleantes, mientras ululaban las unidades del Serenazgo.

Es decir, el año recién estrenado prometía ser igual que el anterior... casi para todos.

Aunque (y no lo comenten, por favor), espero fervientemente, que sea mejor, para los que lo recibieron comiendo pizza.

chaveztoro

Seguidores