viernes, 1 de octubre de 2010

Ocupación incierta

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Recuerdo que me dijo: "¿Y tú qué eres, periodista o bailarina de ballet?".

Me había encontrado mirando por una ventana del diario La República, el humo de las explosiones.
Escuchando, asustado, el tronar de las balaceras.
Sintiendo cómo llegaba el picante olor de las bombas lacrimógenas.

Mario Campos, mi jefe entonces, metió su mano al bolsillo y sacó un carnet que en letras rojas decía: PRENSA.
"¡Ya, carajo, saca tu carnet que nos vamos a ver qué pasa!", exclamó. Y arrancó.

Yo me fui detrás.

Recorrimos, a paso rápido, los pocos metros que hay entre el diario y la Plaza de Armas de Lima.
Mientras avanzábamos veloces, veía como la gente corría despavorida escapando de la violencia.

Fue la primera vez que noté, que los periodistas siempre corren en sentido contrario a la multitud.

Cuando llegamos al primer reten militar, el gordo Campos, que era inmenso e imponente, levantó su carnet de prensa y gritó a todo pulmón: "¡Periodistas!, ¡Periodistas! ¡Vamos a pasar!". Y se lanzó contra el tumulto de soldaditos que intentaban cerrarle el paso. Yo me colé en la estela que dejaba tras él, levantando, lo más alto que podía, mi recién estrenado carnet de periodista.

Recuerdo que llegamos hasta una avenida muy ancha en la que el temor casi se podía respirar.
Y donde, sentados sobre el asfalto, había miles de policías, muy quietos.
Policías y policías y policías hasta dónde alcanzaba la vista. Todos en huelga.

Y frente a toda esa gente, ante ese silencio casi religioso, Mario Campos volteó y observando mi rostro de terror, dijo riendo:
"Te orinas de miedo, maricón. ¿Eres periodista o bailarina de ballet?".

Y aún no sé, gordo.

Pero estés dónde estés, espero que haya harto pisco sour, para que puedas levantar tu vaso y responderme este: Salud.
¡Feliz día Gordo! Porque tú sí eras un periodista.

chaveztoro

2 comentarios:

  1. El Gordo Campos era genial y era loco, creo que fue el único que me enseñó algo de cómo escribir. Pero me enseñó, sobre todo, que ser periodista es algo más que saber escribir, es una forma de vivir, una pasión, una religión. Uno respira y transpira periodismo. No hay vuelta atrás, aunque quieras y tú lo sabes. Eres periodista como Mario, genial como Mario y medio loco como Mario porque el periodismo como el amor, es loco o no es.

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