lunes, 14 de diciembre de 2009

Igual que todos

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Soy igual que todos.


Siempre cargando con la esperanza
de que se abra una puerta
y entre alguien
que me haga suspirar.


Para eso nos preparamos toda la vida.
Para eso nos llenamos los bolsillos
de paciencia, buen humor, historias interesantes
y ropa bonita.


Para eso nos afeitamos y nos cortamos el pelo.
Para eso es que nos echamos desodorante
y nos arreglamos la uñas.


Para eso exploramos lugares hermosos
y probamos platos típicos.


Para eso coleccionamos sonrisas.


Para que cuando llegue el día
tengamos los bolsillos llenos
de cosas para dar.


Si me haces suspirar
todo lo que soy será tuyo.


Cada experiencia hermosa que he tenido
te la transferiré.


Cada sabor, cada olor,
cada pequeño rincón soleado
de cada calle pintoresca que he recorrido
te pertenecerá.

Mis huellas digitales y mis pupilas
serán tuyas.

Sólo tienes que abrir la puerta
y hacerme suspirar.
Mira qué fácil.


Ya sé. Ya sé.
Lo dificil será que yo te haga suspirar.



chaveztoro

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Sobre la ira y la venganza

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Soy desmemoriado. Y tal vez eso me ha librado de la inclinación natural de los hombre a la venganza.

La ira, te lo dirán quienes me rodean, me es más familiar.

Es que resulta imposible, para alguien que olvida con rapidez, no sentir la tentación de usar su poca capacidad de almacenamiento en atesorar los hechos más brillantes y diáfanos y descartar los que tienen olor agrio y textura áspera.

Además, con tantas cosas por aprender, nunca me he decidido a desperdiciar, en un sólo acto, la abrumadora concentración y perseverancia que requiere el cobrarle a otro el mal que me ha hecho.

Alguna vez, al saludar con afecto a alguien, a quien no veía desde mucho tiempo atrás, el aludido y quienes me rodeaban se miraron extrañados. ¿No recuerdas las cosas que te hizo ese desgraciado?, me dijeron, al irse. Pues no, soy desmemoriado.

Conste que no desapruebo a priori la venganza.
Supongo que hay cosas, horribles y lacerantes, que deben convocar ese sentimiento. Tal vez, lo que pasó es que nunca me ocurrieron hasta hoy. O... que las olvide con rapidez.

O que tuve la suerte de que hubieran otras, luminosas y abundantes como gotitas de garúa, que las cubrieron con su manto curativo.

Creo que la vida es como un huerto y si cultivas con afán rosas y girasoles, las plantas dañinas terminarán por ser insignificantes y morirán por falta de riego o de atención.

Mis amigos te dirán, por supuesto, que mi desmemoria es selectiva. Y... no sé... tal vez sea cierto. Tal vez, en el fondo, la desmemoria es sólo una coartada que me libera del esfuerzo de odiar cada minuto de cada hora de cada día.

La sed de venganza requiere, para saciarse, trabajo extenuante.
Y tengo tan pocas fuerzas y hay tantas cosas que me faltan por hacer.

La ira es, en cambio, una fuerza liberadora.

A condición, claro, de que detone con precisión y sin lanzar escombros. La ira que se vuelve tornado o lloriqueo, es inexplicable para seres pensantes que han leído sobre rifles de precisión y misiles teledirigidos.

Tenemos muy poco tiempo como para gastar tanto en odiar o estar enojados.



chaveztoro

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