domingo, 27 de mayo de 2007

Una elección

Sólo una frase para estos días de frío.

"Si crees que puedes: Puedes.
Si crees que no puedes: No puedes".

Así de simple. Elige.


chaveztoro

viernes, 18 de mayo de 2007

Ya no hay pandas apasionados

Si los pandas fueran hombres y no osos, la iglesia católica sería feliz.

Por lo menos lo sería Benedicto XVI, que hace poco en Brasil le decía a más de 60 mil jóvenes: "la vida conyugal es solamente fuente de felicidad y de paz en la medida en que sepais hacer de la castidad, dentro y fuera del matrimonio, un baluarte".


Benedicto XVI amaría a los osos panda. Porque resulta que a ellos les interesa el sexo, sólo 48 horas cada año.

Es decir, son candidatos perfectos a la castidad. Bastaría con instaurar un sermón de las 48 horas de asistencia obligatoria para todos los fieles y listo, muerto el sexo.

Pero... claro, los hombres no son osos panda.

Y por otro lado los osos panda están a punto de extinguirse, precisamente por aquello que le parece tan deseable a Benedicto XVI: la castidad.

Los ositos no tiene apetito por las ositas y por esa causa ahora quedan menos de 2 mil osos panda en todo el mundo.

Los científicos han tratado de solucionar este grave problema "osístico", ofreciéndoles algo que no le haría ninguna gracias a Benedicto XVI: Pornografía.

Parece broma, pero es cierto. Los osos panda han sido expuestos a largas sesiones de videos pornográficos, en los que pueden apreciar a otros osos en pleno acto sexual. Según los científicos ni siquiera esto dió resultado. Osos castos.

Pero los hombres no son osos. Y de ser cierta la investigación de la neuropsiquiatra norteamericana Louann Brizendine, los hombres piensan en sexo una vez cada minuto y las mujeres una vez cada día.

Osea... tal vez alguien podría enviarle por email a Benedicto esta frase de Napoleón Bonaparte: "En la vida hay dos cosas importantes, una es el sexo, y la otra... no tiene importancia."


chaveztoro

miércoles, 9 de mayo de 2007

La mujer que yo amo







Esta es la mujer que yo amo.


Fue con ella que yo conocí por primera vez el interior húmedo y tibio de una mujer apasionada.

Oyendo los latidos de su corazón, dormí noche tras noche, más inocente que nunca y más feliz.

El primer abrazo que me arrancó del frío y la soledad me lo dió ella. Y gracias a las yemas de sus dedos es que supe lo que es ser acariciado por horas y horas sin descanso.
Su rostro es el rostro que yo amo.
Persiguiéndola por todas partes, es como descubrí que cada rincón del cuerpo tiene un aroma (que uno puede llegar a amar) y que la piel, recién salida de la ducha, tiene un olor en otoño y otro en primavera.

Y es por culpa de ella que mi subconciente esta convencido que la belleza es una muchacha delgada (casi escuálida), cuya sonrisa es como una ola y cuya mirada lanza escarcha y picapica.


Su voz es la voz que yo amo.

Y fue con esa voz, calientita y llena de matices, que una tarde de catástrofe me observó bondadosa y me dijo que no podía cometer los mismos errores que los demás, que hasta para equivocarse hay que ser original.

Fue esa frase la que me arrojó a este continente de pesadillas y amaneceres, que es la vida de alguien que lucha por equivocarse por sus propios medios.

Esta es la mujer que yo amo.
Es mi madre.


Y sólo porque la amo tanto es que puedo perdonarle que me haya dejado solo, que se haya suicidado, cuando yo apenas tenía seis años de edad.

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chaveztoro

martes, 1 de mayo de 2007

¿El amor es una guerra?

Ella ama a alguien que nunca la llama por teléfono

Sonríe, triste.

Yo me pregunto, por qué una persona amaría a otra que no se muere por oir su voz.
Tal vez lo nota en mi mirada y trata de explicarlo.

Lo que ocurre es que él viene de una familia dónde odian el teléfono, me dice. Cuando ella llama a su casa el aparato suena inclemente, pero nadie contesta.
Y sin embargo, como él le explica luego, sí estaban allí a esa hora. Todos.
Odian realmente el teléfono.

Pero hay teléfonos públicos le dice ella, en una tarde de reclamos.
Y él, socarrón, le responde que jamás ha usado uno.

Yo también odio los teléfonos. Por eso, algo de lo que me cuenta me resulta comprensible. Pero... lo que no entiendo, sobretodo luego de escucharla, es como alguien, sensato, podría negarse así mismo los matices de su voz.

Me mira... y dice: No es culpa de él. Yo soy una mandada.
Es decir, ella lo vío en el horizonte y decidió invadirlo.

Me maravilla que alguien que parece tan delicada y frágil, se pueda haber organizado con precisión y cuidado para tomar, por asalto, unos ojos, un corazón, unas manos.

Pero él no ha sido fácil de conquistar. Ha puesto resistencia feroz. Ella ha encontrado francotiradores en cada callejuela, campos minados frente a cada sonrisa, nidos de ametralladoras en cada hora capturada.

Y sin embargo... "hoy me llamó desde un telmex", me dice (telmex: el teléfono público más económico de la ciudad, que todos los amantes agradecen).

Sonríe con las orejitas gachas. Saboreando su victoria. Y yo le digo que le va ir bien en la vida. Por qué, pregunta. Porque posees dos cualidades que poca gente tiene, pienso, la paciencia de avanzar pasito a paso y la habilidad de disfrutar de las victorias microscópicas, que son, en el fondo, la sustancia de la felicidad.

Cierto. El amor es una guerra. Y en ella sólo son felices los que se rinden y se dejan hacer prisioneros.

Aunque tal vez sería mejor decir que el amor es una guerra: Y en ella sólo son felices los que cuando se rinden son hechos prisioneros.

chaveztoro

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