domingo, 24 de junio de 2007

Sobre lo imposible

"Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad.
Un pesimista, ve una calamidad en toda oportunidad"
(Winston Churchill)



Toda meta puede ser calificada como fácil, difícil o imposible.

Por ejemplo, si alguien te dijera que tienes que instalar computadoras en un sitio donde no hay electricidad, ¿qué responderías?
Dirías: Es imposible.

Bien, ese es un trabajo estimulante: Realizar cosas imposibles.
"Pero no se puede hacer algo imposible!", responderá la mayoría.

Sólo será imposible hasta que imagines una solución y un equipo empiece a trabajar en ella.

En el caso especifico de la computadora para lugares sin electricidad, se quería lograr -además- que sólo cueste 100 dólares y que sea portátil.

Nooooo!!! Imposible.

Pues un hombre soñó con eso. Se llama Nicholas Negroponte, y es el cofundador del Media Lab en el Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT) y fundador de la organización no gubernamental "Una portátil por niño". El MIT es considerada la mejor universidad de ciencia e ingenieria del mundo.

¿Y lo logró?

Bueno... el ministro de Educación, José Antonio Chang, anunció que, en Julio del 2007, el estado peruano y el MIT firmarían un convenio para dotar a los escolares peruanos con las computadoras económicas de Negroponte.

Claro algunas cosas no se lograron del todo, por ejemplo, la computadora no costará 100 sino 175 dólares y las baterías no serán recargadas a manivela, como en el diseño original, sino con una especie de yo-yo muy fácil de usar, que genera electricidad a mano.

Es decir, se puede escoger una meta fácil o una difícil, pero... siempre será más emocionante lograr algo que todos decían que era imposible. Inténtalo.


chaveztoro

domingo, 3 de junio de 2007

Oscuridad merecida


Una vez tuve una oficina en la que no se podía trabajar de noche.
Buuu...

No, no es que hubieran fantasmas. Lo que pasaba era que recién nos habíamos mudado a una casa nueva y la oficina que yo había elegido no tenía socket donde poner un foco.

El primer día que llegamos dí una orden:
- Pónganle luz a mi oficina.

Apesar de que cada dos o tres días yo volvía a ordenar lo mismo, mi oficina seguía a oscuras en las noches.
Decidí, pasada una semana, darle la orden directamente al técnico del equipo, una persona muy colaboradora y diligente, pero aún así, otra semana después, seguía habiendo un gran hueco negro en el techo en vez de un foco.

Esa noche me quedé un largo rato meditando en medio de la oscuridad.

Al día siguiente, muy temprano, llamé al técnico y le dije lo siguiente:

- Por favor, anda a la farretería y cómprame un socket y un foco ahorrador de 100 watts.
A los pocos minutos volvió con ambas cosas.
- Aquí tiene -me dijo, muy solícito.

- Gracias. Ahora, baja la llave general del segundo piso y súbeme un banco alto y un desentornillador.

Al rato subía a mi oficina cargando la banca.
Cuando le señale el socket me sonrió divertido entendiendo todo.

- Muy bien -le dije-. Ahora súbete a la banca y conecta esos cables al socket y entorníllalo en su sitio.
- Ya esta! -me dijo entusiasta, luego de unos pocos minutos.

Pedí que encendieran la llave general del segundo piso y le dije:
- Prende ese interruptor, por favor.

Y el foco se encendió. Los dos celebramos la hazaña.

Así fue como aprendí la diferencia entre dar órdenes y dirigir personas.

Para dar órdenes no se requiere mucho tiempo. Basta querer algo y decirlo.

Para dirigir personas en cambio es necesario un buen tiempo de reflexión y, si se puede, un poco de oscuridad, para concentrarse.

El que da una orden no conoce el proceso que la hará posible o impedirá que se cumpla. Por eso mismo no sabe por qué fracasa.
En cambio, el que dirige siempre sabe adónde quiere llegar y en que punto de su planeamiento se encuentra. Y, por eso, su posibilidad de fracaso es mínima.

En mi caso, por ejemplo, descubrí que no me ponían el foco porque siempre tenía la computadora encendida y entonces no encontraban cuando desconectarle la electricidad al segundo piso para hacer la instalación. Y que, además, había que asignarle un tiempo al técnico (que siempre andaba ocupado con cuarentamil cosas) para hacer el trabajo.

Cierto, es más fácil y rápido dar órdenes.
Pero es mejor dirigir a las personas y hacer equipo con ellas.


chaveztoro

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