martes, 11 de mayo de 2010

Mortalmente ciego


.
.
El amor es mortalmente ciego.
Disculpa que te lo diga.

Ocurre que cuando su aliento de océano intoxica tus pulmones
el planeta entero pierde su magnetismo y todas las brújulas gimen desorientadas.

¿Dónde queda ahora el norte protector, el oriente misterioso
o el sur de catástrofe que debieras evitar? Ya no lo sabes.

Y lo peor es que jamás notarás que el mundo que te rodea
ha sido modificado sin previo aviso.
Que viajas veloz por carreteras perfectas
que en realidad podrían ser caminos de cascajo y lodo.

El amor es mortalmente ciego.
Y seguro crees
que ahora te diré que eso es malo.

Siento decepcionarte:
El amor debe ser mortalmente ciego.

Entre otras cosas porque para amar son más importantes el tacto y el gusto.
El oído. El olfato.

Los que se limitan a lo que ven, no merecen ser amados.

Sólo son dignos del amor los que pueden
saborear, lamer, olfatear, mordisquear,
hundir el rostro en fuentes espesas y olorosas.
y quedar por largas horas sumergidos
en las aguas tibias de unos labios.

Y claro que te golpearás y sufrirás un poco: ¡Andas por el mundo sin ver!

Pero si optas por las cosas seguras,
tendrás el mismo destino de los que evitan viajar por carreteras empinadas y no suben a montañas de sol
con el argumento de que se podrían desbarrancar en algún abismo o sufrir un cáncer de piel.

Es cierto, puede que su existencia sea más larga que la mía,
pero ¿vivieron más?

Ellos son los que no saben por qué
cuando te ven saltando en una pata tienen ganas de ponerte cabe.

Aún así, no seas cruel con ellos. Tenles piedad.

Lo que les ocurre es que tu sonrisa les recuerda
que existe un universo al que ellos no pudieron acceder.
Un campo de fresas del que no pudieron nutrirse.
Un jardín de senderos que se bifurcan que nunca pudieron recorrer.

El amor es mortalmente ciego.
Disfrútalo.
Porque, aunque ahora te parezca inverosímil,
uno de estos días despertarás
y empezarás a ver.


chaveztoro

Seguidores